• No tiene la menor idea

    Noviembre 26, 2011

    Posted in: Cuentos

                   

     Soy el caballo de tiro de un cartonero. Mi dueño no sabe que antes fui como él, (un cartonero).

     Sentado en el carro, en busca de cualquier cosa para matar el hambre, levantaba de la calle lo que la gente tira, lo reciclable se paga bien. Mi caballo ( robado a otro infeliz en pago de una deuda)  solo  servía para tirar del carro.

    No me avergüenza decir que más de una vez rescaté algo bueno para comer.

    Un día, separando cascotes, encontré alfajores entre los escombros de un derrumbe, milagrosamente enteros, en cajas bien preservadas por el envase plástico y varias docenas de cubiertos finos que vendí muy bien.

     El matungo avanzaba resollando, pero  siempre había algo más para levantar. Con tanto peso, el socio,  retobado, no quería avanzar.  Unos buenos latigazos y retomaba  el brío. Eso servía, claro que servía, ¿acaso hay otra manera de tratar a un caballo si no obedece?

    Se murió en la calle, la gente  gritaba: ¡asesino, dale de comer!, de  todo me decían… escapé  de milagro de ser linchado. No recuerdo  ni como llegué a la villa, me mandé dos cartones de vino y caí desmayado.

    Cuando desperté estaba atado al poste, me morí y resucité en caballo, pensé.

     ¿Será mi turno tirar del carro, y recibir los azotes?, ¿qué hice para merecer esto?

    Soy un caballo ahora,  cómo te explico a vos, mi dueño,   que  el carro es pesado,  las correas me lastiman,  duele, tengo calor,  no me alcanza la cola para espantar las moscas,  tengo sed y no hay agua.  Antes, cuando era como vos no lo  sabía, o no me importaba.

    .

    Después de entregar los bultos más grandes, a cambio de unos pesos, volvemos a la villa al amanecer.

    Mi dueño vive en un rancho de cartón y chapa, pero en el piso tiene alfombras del hotel de acá, cerca de Retiro. Al llegar descarga y guarda lo que no vendió para revisar mañana; me deja con el carro vacío atado al poste de luz y se tira a la catrera reventado. Su vida es triste,  como antes la mía, no tiene esperanza, lo sé. Lo peor es  que no se da cuenta. Todavía…

     Mientras él duerme,  desayunado con vino barato, yo, su socio cuadrúpedo sin sueldo, me quedo a la intemperie ( duelen los rayos de sol al mediodía sobre las llagas ) trato de olvidar masticando algunos yuyos secos, lejos del tacho de agua que los pendejos siempre se olvidan de recargar.

    Ahora me toca a mí, ¿moriré también en la calle?

    Él duerme…no tiene la menor idea.

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