EL CONSORCIO DE LA BUENA ESTRELLA
Departamento A: propietaria Ala Caramañola
LUCÏA
Nunca estuve de acuerdo con que mamá comprara el departamento en este consorcio, pero ella siempre fue así, cuando se le mete algo en la cabeza va para adelante, nada le hace cambiar el rumbo. La idea salió del grupo de amigos que se reúnen en la biblioteca del club. La mayoría, gente de edad, algunos ya jubilados, comparten una vocación postergada, el amor por las letras. Me gusta ver a mi mamá tan feliz, comentando con entusiasmo cada encuentro. Esas reuniones, se prestan para la amistad, confidencia de preocupaciones comunes: la vejez cercana, la dependencia de los hijos, historias terribles sobre geriátricos. Fantaseaban administrar su vida y economía hasta donde la salud lo permitiera. Admitieron sentirse mejor, más comprendidos entre sus pares que con los jóvenes. Entonces la idea surgió como una broma que luego prendió con fuerza. ¿Y por qué no vivimos todos juntos?-dijo Banfield- compramos una casa lo suficientemente grande para que cada uno tenga su departamento y si armamos una cooperativa no necesitaremos de nadie. ¿Y si publicamos un aviso en internet buscando gente afín?
Encontraron un edificio antiguo de buena construcción que fue alguna vez un hotel de espaciosas habitaciones, con el curioso nombre “La Buena Estrella” grabado en el frente La distribución se adecuaba a sus deseos, el dueño anterior tenía los planos aprobados y con poca construcción podrían convertir cada ambiente en un departamento reducido pero con todos los servicios individuales. El precio era bueno, el hombre se quedó sin dinero para la remodelación y en ese estado era muy difícil vender- aunque algunos especulaban un motivo secreto que se revelaría años después.
De frente es un feo edificio en dos plantas, con una ventana al ras por cada departamento de los que dan a la calle. La entrada es una puerta doble con reja antigua muy trabajada que da a un pasillo a cuyos lados hay dos habitaciones antiguamente destinadas a la administración. En el proyecto serán cuartos de huéspedes y descanso para la asistente. Desde allí se avizora un jardín interior de escaso césped, con una palmera central y cuatro bancos de piedra a su alrededor.
En el salón grande, que alguna vez fuera comedor, está la escalera de mármol para acceder al piso superior. A su lado, la cocina y otras dependencias de servicio. El montacargas que servía para llevar el carro de viandas, ropa blanca o elementos de limpieza al piso alto, funciona y es bastante grande para transportar también una silla de ruedas y una persona, si fuera necesario.
Las habitaciones de la planta alta, en total doce, son ahora departamentos con vista al jardín central desde una galería balcón con baranda de hierro artística. Las puertas-ventanas de cada uno permiten la visualización fácil entre todos, y conversar como si estuvieran en la vereda con la reposera.
Como dije al principio, mi mamá se apuró en comprar por el privilegio de elegir uno de los cuatro que dan a la calle, otros preferían los de una sola abertura sobre el jardín, son más silenciosos y baratos.
Mi mamá no soporta estar en medio del desorden, por eso vine yo en su lugar, pero ya falta poco, cuando terminen los últimos detalles me voy. Lástima, me estoy haciendo amiga de los otros propietarios cuyas historias voy conociendo de a poco. No se vendieron todos los departamentos, algunos se arrepintieron en el momento de firmar el boleto. Dice mi mamá que a los hijos no les pareció una buena inversión para heredar, otros se excusaron diciendo que el reglamento era muy rígido al no permitir alquilarlo en las temporadas de verano. Los que se animaron se están mudando y trabajan activamente en la decoración. La vecina del B es tan graciosa como Banfield contando anécdotas.
A mí me toca hacer de todo en éste edificio, El Sr Banfield me pidió que contestara al correo del consorcio. Acaba de llegar uno dirigido a mi mamá, no sé porqué, ella no tiene nada que ver con la administración, ni podría, es una despelotada que se la pasa escribiendo, siempre dependió de mí.
El mail:
Sra. Caramañola:
De mi consideración:
Estaría en principio interesada en la adquisición de uno de los departamentos. Antes de entrar en conversaciones financieras, quisiera (confidencialmente) saber si se encuentra para la venta el departamento lindero al del señor
Banfield. Asimismo saber si todos los adquirentes están vinculados al quehacer cultural, conocer sus nombres, profesiones etc. Deseo también conocer con anterioridad el reglamento del PH y confirmar si el edificio tiene salida a la playa. Espero su respuesta.
Respuesta:
Estimada señora:
Soy Lucy, la hija de Ala, no estoy autorizada a revelar la información que me pide, le ruego se dirija al Sr. Banfield que Ud. Mencionó, es el encargado por ahora de la administración. Sólo le puedo decir que el edificio está a dos cuadras de la playa y hay lugar para un gimnasio. Acaban de traer una bicicleta fija y un caminador. Le saluda atte.
Lucy.
Nos enteramos por Banfield que la señora del mail, concretó la compra y va a ser su vecina de pared. Ya no queda ninguno para vender de los que dan a la calle. Están así: en el A, mi mamá, en el B, la señora mayor Yolanda Buenas Noches en el C, Banfield y en el D, su amiga del mail.
El matrimonio que compró dos unidades en el ala oeste, (E y F) está demoliendo la pared medianera, quieren vivir juntos en un espacio más grande. No sé con exactitud cuántos están vendidos, ni conozco a todos los nuevos propietarios, han tratado con Banfield. Sólo veo que hay movimiento de plomeros, albañiles y peones que van y vienen cargando material de construcción y muebles.
En este momento están descargando un piano, ¿vendrá algún concertista? Cuando me vaya los voy a extrañar, les prometí visitarlos a menudo, tal vez me acepten de asistente, van a necesitar una y estoy sin trabajo.
Parece que confían en mi criterio porque en más de una oportunidad tuve que mediar en alguna discusión. Sobre el tema de las mascotas me abstuve porque no me imagino a mamá regalando su gato. Todavía no lo decidieron, será por votación. Parece que van empatando, los representantes de cada postura se están reuniendo en secreto, esperan que se presenten los que todavía no tomaron posesión.
Al piano lo pusieron en el salón. Después del enorme esfuerzo de subirlo por un sistema de roldanas y poleas a la planta alta, la propietaria, que resultó ser una encantadora rubia de grandes ojos azules descubrió que le ocupaba mucho espacio y pidió permiso para ponerlo en el salón. Mejor así, dijo mi mamá, a quién se le ocurre meter un piano tan cerca de los dormitorios.
La escritora del A, (mi mamá) y Banfield del C han estado hablando del reglamento del consorcio, parece que no habían previsto algunas situaciones. El matrimonio que compró las dos unidades se arrepintió después de tirar la pared medianera. En cualquier momento se llamará a reunión
CONTINUARA