• "Homenajes"

    A José Luis Cabezas

    Enero 24, 2011 // No Comments »

    Antes del 25 de enero de 1997 Pinamar era un tranquilo jardín de pinos, arena y mar.

    Algunas tempestades a lo largo de muchos años no lograron destruir lo que allí crecía,

    Y todo indicaba un futuro próspero a pesar de algunas dificultades.

    Pero un día,  una ráfaga de viento maligno depositó una extraña semilla y el mal germinó en el hermoso y codiciado jardín.

    Y hubo quienes desoyendo advertencias lo regaron y abonaron, desafiando los presagios.

    Y el mal creció. Y el mal trajo la destrucción por tierra y fuego, iluminando el cielo en una noche negra de enero.

    En el paraje se abrió una grieta en llamas, el estruendo silenció a los pájaros y amordazó a los hombres que tuvieron miedo.

    La noticia trascendió fronteras y cruzó mares.

    La grieta siguió ensanchándose porque de ella emanaban miasmas malolientes y espíritus de confusión.

    La mentira creció subterránea cual serpientes anaeróbicas.

    Ha pasado el tiempo…años…

    El sol sigue brillando, el viento secó las lágrimas. En el hermoso y codiciado jardín, lobos al acecho pastorean a ovejas distraídas, sin memoria.

    La grieta es una cicatriz abierta..

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    A Soledad Wendt (Meny)

    Enero 18, 2011 // No Comments »

    Un extraño impulso me lleva a recorrer el mismo camino, solo que el de entonces estaba poblado de risas, pasos y voces conocidas, ahora diluídas en el tiempo.

    Intento recuperar el pasado a través de una evocación nostálgica, pero es en vano, nuestra calle es un teatro vacío donde acabó la función. La utilería se ve triste y polvorienta sin el brillo de la luz.

    Me detengo en la loma a tomar un poco de aliento y calmar los latidos de mi corazón en el mismo lugar donde diez años antes bromeaba azuzando a mis amigas, bastante mayores: ¡Vaca…arre vaca!- simulando arrearlas como ganado cuando aflojaban el paso.

    -¡ Esperá,  ya  vas  a saber como es cuando tengas nuestra edad y unos kilos más !- era la respuesta a mi energía de entonces.

    Y ya recuperadas, en el descenso de la loma, compartíamos secretos y chimentos que brotaban a torrentes de nuestra alegría de vivir.

    Es el mismo camino pero parece distinto, otra gente lo transita ahora borrando huellas.

    Hasta los enanitos se fueron…Tu casa blanca al tope de la loma y  el rosal sin podar,  son el mudo testigo de una realidad que no quiero admitir, como no puedo aceptar, todavía, que aquél día en la playa, cuando nos reunimos todos tus amigos por última vez, estuvieras dentro de una cajita de madera cuyo contenido esparcieron en el mar.

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