Salvados de una red de tratas se reencuentran en otra red, años más tarde.
Tu cara, una más en la galería de fotos de la red social, se deslizó indiferente. No conozco a todos los amigos de mis amigos, pero esta foto…un alerta interno me detiene, vuelvo con el cursor para una segunda mirada, si , sin duda sos vos, Pablo. El mechón blanco, ¿ canas o teñido? , pero los ojos miel, la sonrisa ancha, es la misma de tus dieciocho; andarás por los cincuenta como yo. Sigo asombrada, después de tanto tiempo encontrarte aquí, en una página de internet, se me cruzan imágenes del pasado, el momento peligroso que compartimos, una trampa a nuestra ingenuidad de entonces.
Busco más pistas, éste es Pedro, sí, sin duda es él, está mayor, debe ser una foto actual. Pedro y Pablo, ¿los apóstoles? Dije para cortar la formalidad cuando nos presentamos en el hotel hace tantos años, tal vez treinta.
Indago otra información, no hay, está bloqueada, voy a mandar un mensaje, algún amigo va a contestar. Lo importante es que están, entonces no viajaron, ¿y los otros chicos, qué habrá sido de ellos?
Buenos Aires, Capital, Leticia, dieciocho años, pelo castaño dorado, largo hasta la cintura, ropa sencilla a la moda de los sesenta, sentada a la mesa de un café en Retiro repasa los avisos del Herald, selecciona y marca:”Gran oportunidad para jóvenes ambiciosos dispuestos a viajar y ganar en dólares. Imprescindible buena presencia y conocimiento de inglés”. Esto es para mí-decide.
Sale a la calle decidida a independizarse de los padres, vivir una experiencia soñada.
La entrevista es en el Royal Palace de la calle Reconquista, un hotel envejecido por falta de mantenimiento, de nombre tan pomposo como su pasado. En la recepción, un grupo de chicas y muchachos charlan animosamente. Leticia los evalúa con ojo crítico. Va a ser dura la competencia, hay chicas muy monas, buena ropa, algunas acompañadas por sus madres. Para evitar la comparación las evita y pregunta a dos jóvenes que están por retirarse: ¿vinieron por el aviso, tienen idea de qué se trata? No, sabemos lo mismo que vos, hay que entregar el curriculum a esa señora del escritorio y mañana nos llaman. Ahora nos vamos a tomar un café al lado, ¿querés?…No sé…en todo caso mañana, si somos seleccionados, ojalá nos elijan, sí…mañana, ¿Cómo se llaman ustedes?,Pedro y Pablo, ¿no serán los apóstoles? Silencio. No fue gracioso.
Pablo qué lindo sos con ese flequillo despeinado, me gusta tu sonrisa, tus ojos de caramelo, me gustaría besarlos. Ay Diosito, que mañana nos llamen, te quiero volver a ver ¿y si no?…qué tonta, no pedí tu teléfono, te hubiera dado el mío…por qué seré tan quedada.
En casa de Leticia preparan la cena. El padre lee el diario, la hermanita menor juega con un muñeco topo Gigio en el piso y cada tanto explota de risa con “Los tres chiflados” en la tele.
-Papá, mamá… quiero que sepan, me presenté en un trabajo, si me llaman anoten todo, les di nuestro teléfono- anuncia a modo de saludo.
-¿Qué trabajo es? El padre cierra el diario para hablar con la hija. Leticia piensa y decide no dar toda la información todavía
- No sé papi, es una empresa norteamericana, el sueldo va a ser en dólares.
-¿Qué requisitos piden, te explicaron?
-Buena presencia…inglés.
-¿Nada más?
-Todavía no me tomaron, lo sabré después si soy seleccionada, lo importante es que nos van a pagar en dólares. (Deliberádamente oculta lo del viaje al exterior, para discutirlo habrá tiempo)
Viernes, cerca del mediodía, suena el teléfono, Leticia corre a atender. Sí, Leticia Bonelli ¿fui seleccionada? ¡Qué alegría!, mañana a las nueve estoy allí.
Emociones cruzadas, miedo y alegría. Repasa mentalmente la ropa elegida y ensaya el discurso de presentación, no debe parecer tímida ni demasiado audaz.
En el hotel, la sala de recepción parece más grande hoy, solo se presentaron los seleccionados. En el escritorio, la mujer que los recibió antes, a su lado, un hombre, ambos entrevistan a una de las elegidas. Leticia hace un paneo a las pocas chicas que aprobaron. Más lejos están Pedro y Pablo esperando su turno, va directo hacia ellos. Desde donde están no se escucha la entrevista.
-¿No les parece raro que no hayan citado a ninguna de las pitucas del otro día, las que vinieron con la madre? Pedro se encoge de hombros y lo mira a Pablo- no las querrán por eso, tendrán muchas pretensiones, o fallaron con el idioma. ¿Y vos Leti, cómo andás, estás preparada?- I`m fine, ¿and you? -se ríe para ocultar la ansiedad.
Se encontraron en el café después de la entrevista, tal lo acordado. ¿A vos qué te preguntaron, Leticia? No mucho, más bien querían saber mi grado de madurez, si tenía libertad para manejarme sola, les dije que sí, que a mi familia le gusta que sea independiente. Les pregunté sobre la editorial, cómo se venderán las revistas, para qué el inglés, dónde viviremos y todo eso. Me dieron una explicación confusa, sólo quedó claro qué nos iban a pagar el alojamiento. No pregunté más, se darían cuenta que no entendí nada.
-Sí a nosotros igual, lo único que querían era confirmar si teníamos algún impedimento para viajar al exterior. ¿Te dieron el contrato?
- Sí, en inglés, me pidieron la firma de mi viejo.
-A nosotros también, sabemos que se trata de un trabajo de promoción de una nueva editorial, primero una parada en Uruguay y de allí al Caribe, cuántos países no sé, muchos. Mañana temprano debemos devolver el contrato firmado, padres no tenemos, mi abuela puede firmar y a él una tía, está bien, dijeron. Con Pedro nos conocemos del instituto donde vivíamos. Bueno, lo importante es que vamos juntos y el domingo, eso es pasado mañana ¿no? viajamos en un avión privado que sale de Ezeiza. Nos pidieron el documento para el pasaje. ¿Vos se lo diste? Lleven poca ropa-nos dijeron- con lo que van a ganar se compran todo nuevo. Viste, quedamos solo seis, cuatro chicas y nosotros los únicos varones ¿tus viejos te dejan viajar?
Cómo le digo a mi viejo lo del viaje. Pablo no tiene problemas, él es varón y mayor que yo, para los varones es más fácil, si no me dejan me muero, lo voy a convencer a papi cuando le muestre el contrato, a él le gusta la formalidad. Ay Pablo…mañana estaremos juntos mirando nubes por la ventanilla del avión, nunca volé, comenzaremos juntos esta aventura…¿y el curso para vender las revistas?, de éso no se habló más.
Sentada en la cocina Leticia llora, no me podés hacer esto papá, me estás cortando las alas, es mi futuro, no me digas que no vas a firmar porque está en inglés, te lo traduzco yo, aquí dice que voy a trabajar en la promoción de revistas, me van a pagar en dólares, es una editorial nueva, por eso no se conoce. El señor y la señora de la entrevista van a viajar con nosotros, nos van a cuidar, necesitan tu autorización para ser mis tutores. ¡No, no me podés hacer eso papá!, les dije que estaba preparada para tomar mis propias decisiones, así me enseñaste siempre, ahora me decís que no me dejás, ¡Es tarde!, les di la cédula para el pasaje, claro que lo pagan ellos, ¿cómo a dónde?, te dije, primero a Uruguay y después al Caribe. Qué se yo la dirección de Montevideo, no pregunté.
Leticia no para de llorar y el padre cada vez más firme: mañana vamos juntos a recuperar tu documento. Qué cabeza la tuya, por qué no pensás un poquito, una empresa seria no hace la última selección un día sábado para viajar al día siguiente que es feriado y con un contrato en inglés. Cómo lo investigás, las oficinas públicas están cerradas, no voy a regalar a mi hija a unos desconocidos firmando un papel que no entiendo.
Domingo por la mañana tempranísimo, padre e hija llegan juntos al hotel, preguntan en la recepción, de allí los mandan al segundo piso, se detienen ante la puerta, el padre se queda detrás de una columna escuchando.
El hombre y la mujer, los dos en bata de dormitorio, se asoman, qué raro , piensa Leticia, ayer se trataban de usted y hoy duermen juntos.
-¿Qué hacés aquí tan temprano, no te dije a las diez, cómo que no te dejan viajar, no dijiste que sos independiente?- rugió el hombre. Tomá tu cédula y desaparecé, igual, tan maricona no nos ibas a servir. Y le cierra la puerta en la cara.
El padre y la hija salen del hotel en silencio.
Tenía razón papá, quiénes son estos tipos, nos mintieron, ¿qué planes tenían para nosotros? Ahora me doy cuenta, nos seleccionaron por contar que nos bastamos solos, será por eso que a las pitucas no, fueron acompañadas por las madres. Nosotras, indefensas, unas pobretonas inocentes sin chance, y los chicos…tal vez por huerfanos, se educaron en un instituto de menores. Si pudiera advertirles…vendrán en un rato con el equipaje sin saber lo que descubrimos.
Caminan ensimismados un par de cuadras hasta que el padre se detiene: esperame en el barcito, le dice con la voz todavía temblorosa de rabia, tomate un café con leche, tengo algo que hacer aquí a la vuelta, después nos vamos a casa.
Pasaron los años, había olvidado el suceso, era joven, sobraban proyectos, me casé, divorcié, tuve hijos, pronto seré abuela, mis padres murieron demasiado jóvenes, los llevó la misma enfermedad, fue la etapa más triste que me tocó vivir.
Ahora trabajo en una agencia de seguros. Los fines de semana salgo con amigos o me entretengo con la computadora recién comprada, chateo, comparto fotos y noticias en la red social. Desde que los encontré en Internet, algo impensable hace una década, me vuelan las horas.
En pocos días, un contacto me da la dirección de la peluquería donde Pedro y Pablo son socios.
Me siento en el salón como una cliente más. Ellos no me reconocen, los observo en sus movimientos, atenta a las conversaciones…¡son gays!, cómo no me dí cuenta, claro, en esa época…
Me dejo peinar por Pablo, no pesca ninguna de las señales, entonces voy directo: ¿Te acordás de mí, del viaje al Caribe, cómo les fue? Se queda duro con el cepillo en la mano, me mira fijo por el espejo. Ah sí… ahora me acuerdo, sos Leticia, ¿cómo, no te enteraste? cuando llegamos al hotel estaba rodeado de patrulleros, ¿vos dónde estabas?, eran traficantes de personas los hijos de puta. El Padre de una de las chicas desconfió y los denunció en la comisaría a la vuelta del hotel. Los pescaron “in fraganti” con toda nuestra documentación ¿vos cómo zafaste? Claro que no viajamos, ninguno viajó, nos citaron a declarar.