Soy el caballo de tiro de un cartonero. Mi dueño no sabe que antes fui como él, (un cartonero).
Sentado en el carro, en busca de cualquier cosa para matar el hambre, levantaba de la calle lo que la gente tira, lo reciclable se paga bien. Mi caballo ( robado a otro infeliz en pago de una deuda) solo servía para tirar del carro.
No me avergüenza decir que más de una vez rescaté algo bueno para comer.
Un día, separando cascotes, encontré alfajores entre los escombros de un derrumbe, milagrosamente enteros, en cajas bien preservadas por el envase plástico y varias docenas de cubiertos finos que vendí muy bien.
El matungo avanzaba resollando, pero siempre había algo más para levantar. Con tanto peso, el socio, retobado, no quería avanzar. Unos buenos latigazos y retomaba el brío. Eso servía, claro que servía, ¿acaso hay otra manera de tratar a un caballo si no obedece?
Se murió en la calle, la gente gritaba: ¡asesino, dale de comer!, de todo me decían… escapé de milagro de ser linchado. No recuerdo ni como llegué a la villa, me mandé dos cartones de vino y caí desmayado.
Cuando desperté estaba atado al poste, me morí y resucité en caballo, pensé.
¿Será mi turno tirar del carro, y recibir los azotes?, ¿qué hice para merecer esto?
Soy un caballo ahora, cómo te explico a vos, mi dueño, que el carro es pesado, las correas me lastiman, duele, tengo calor, no me alcanza la cola para espantar las moscas, tengo sed y no hay agua. Antes, cuando era como vos no lo sabía, o no me importaba.
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Después de entregar los bultos más grandes, a cambio de unos pesos, volvemos a la villa al amanecer.
Mi dueño vive en un rancho de cartón y chapa, pero en el piso tiene alfombras del hotel de acá, cerca de Retiro. Al llegar descarga y guarda lo que no vendió para revisar mañana; me deja con el carro vacío atado al poste de luz y se tira a la catrera reventado. Su vida es triste, como antes la mía, no tiene esperanza, lo sé. Lo peor es que no se da cuenta. Todavía…
Mientras él duerme, desayunado con vino barato, yo, su socio cuadrúpedo sin sueldo, me quedo a la intemperie ( duelen los rayos de sol al mediodía sobre las llagas ) trato de olvidar masticando algunos yuyos secos, lejos del tacho de agua que los pendejos siempre se olvidan de recargar.
Ahora me toca a mí, ¿moriré también en la calle?
Él duerme…no tiene la menor idea.
Those blue green eyes
Had me completely mesmerized.
He mounted the high bars and swung up high,
it took my breath away to see him fly!
I schemed and plotted to get him near,
Hungry for the light that seared.
He was the “All-star” of our school!
So tall, so handsome and Oh! So cool!
A prize to be won at any cost´
I went for him without restraint.
And nine months later paid with pain
The prize was lost…
But I had won -a -baby girl to carry on!
By Renata St. Lawrence
August 30, 1964 in Toronto.
Poema que recibí de una amiga de la infancia actualmente residente en Florida, EUA.
La vida nos reconectó después de más de 50 años gracias a internet.